14 de noviembre: Jornada nacional del enfermo

imagesCAGHH4EE Dios “no quiere” nuestro dolor ni se complace con el sufrimiento

Celebrar la Jornada nacional del enfermo, una fecha incorporada al calendario de la Argentina desde hace varios años (la Jornada internacional es el 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes), es poner la mirada en quienes necesitan especial atención y acompañamiento por estar sufriendo algún tipo de desequilibrio en su salud.

La Iglesia, a ejemplo de Cristo, siempre ha sentido el deber del servicio de los enfermos y los que sufren como parte integrante de su misión. Así, la celebración anual de la Jornada mundial del enfermo es una oportunidad para sensibilizar al pueblo de Dios

En su mensaje para este año, que coincide con el XXV aniversario de la institución del Consejo Pontificio para la Pastoral Sanitaria, el papa Benedicto XVI resalta que “la experiencia de la enfermedad y el sufrimiento puede ser una escuela de esperanza”.
De esta manera, el Papa señala que “el sufrimiento humano obtiene sentido y plenitud de luz en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo (…)

Encaremos la Jornada nacional del enfermo con un doble servicio: el primero, principal e ineludible, de estar junto a los que sufren, de acompañar, brindar alivio, ayudar a sobrellevar el dolor y consolar. Y, el segundo, no dejar de anunciar el amor de Dios y comunicar a todos que, como buen Padre, “no quiere” nuestro dolor ni se complace con el sufrimiento.

No olvidemos, como lo especifica el Catecismo de la Iglesia, que la enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana. En ellos, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte (cfr. nº 1500).

Puede conducirnos a la angustia, al repliegue sobre sí mismo, a veces, incluso, a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Puede también contribuir a que la persona madure y discierna, en su vida, entre aquello que es esencial y aquello que no lo es. Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a él (cfr. nº 1501).

Conmovido por los sufrimientos, Cristo no sólo se deja tocar por los enfermos, sino que, además, hace suyas sus miserias. Sus curaciones son signos de la venida del Reino que anuncian una curación más radical: la victoria sobre el pecado y la muerte. Él quita el “pecado del mundo”, del que la enfermedad es una consecuencia.

El Espíritu Santo concede a algunos un carisma especial de curación, para manifestar la fuerza de la gracia, sin embargo, ni las oraciones más fervorosas obtienen la curación de las enfermedades.

Esta Jornada debe convertirse para todos nosotros en una ocasión para un empuje apostólico más generoso al servicio de los enfermos y de los que cuidan de ellos, respondiendo a nuestro Señor Jesús que “nos exhorta a curar las heridas del cuerpo y del espíritu de tantos hermanos y hermanas nuestros que encontramos por los caminos del mundo; nos ayuda a comprender que, con la gracia de Dios acogida y vivida cotidianamente, la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento puede ser una escuela de esperanza”.

La Iglesia ha recibido de Jesús la tarea de sanar e intenta realizarla, tanto con los cuidados que proporciona a los enfermos, como por la oración de intercesión con la que los acompaña. Contamos con el sacramento de la unción (cfr. 1504 a 1510) y el ministerio del alivio.

Renovemos nuestro compromiso, y nuestra acción nos abrirá la puerta de la casa del Padre, cuando escuchemos a Jesús diciéndonos que estuvo enfermo y lo visitamos.

FUENTE: www.parroquiacitybell.com.ar ;www.san-pablo.com.ar;

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PALABRA QUE DA VIDA

 

 EL PADRE NELSON HORACIO DA SILVA, NOS TRAE         DIARIAMENTE LA BUENA NOTICIA DE CRISTO JESUS!!!

COMPARTAMOSLA CON ALEGRIA Y DEJEMONOS AMAR POR DIOS!!!

ESTE LUNES 8 DE NOVIEMBRE LEEMOS Y REFLEXIONAMOS A

Lc 17- 1,6.-

 

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Vigilia Provida Convocada por el Papa Benedicto XVI-

En una decisión que resulta histórica, el Papa ha convocado a todos los católicos del mundo a una Vigilia de oración en defensa de la vida que se encuentra por nacer que indudablemente no sólo abarcará todo tipo de aborto, que implica también eliminar toda persona humana en su estadío embrional (como se da en el caso de fertilización in vitro, investigaciones de células madre, etc.)
Es evidente que este pedido es hacer conciente a todos los católicos la gravedad en que la “cultura de muerte” del aborto viene impactando en el mundo.
Así, el próximo sábado 27 de noviembre el Santo Padre celebrará en la Basílica de San Pedro una solemne “Vigilia por la vida naciente” coincidiendo con las Primeras Vísperas del primer Domingo de Adviento en el marco de la cercana solemnidad de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. La Vigilia comprenderá, además de las Vísperas, también la adoración eucarística, para agradecer al Señor que, “con el don total de sí mismo, ha dado sentido y valor a toda vida humana y para invocar su protección sobre cada ser humano llamado a la existencia”.
El Santo Padre ha pedido que en las Iglesias particulares los Obispos presidan celebraciones análogas e involucren a las parroquias, a las comunidades religiosas, a las asociaciones y a los movimientos.
En el mesnaje de convocatoria se señala que: “Todos nosotros somos concientes de los peligros que amenazan hoy la vida humana a causa de la cultura relativista y utilitarista que ofusca la percepción de la dignidad propia de cada persona humana, cualquiera que sea el estadio de su desarrollo. Estarnos llamados más que nunca a ser “el pueblo de la vida” (Juan Pablo n, Encíclica Evangelium vitae, n. 79) con la oración y el compromiso. fuente:http://umnrezandoelrosario.wordpress.com/

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2 DE Noviembre-CONMEMORACION DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

Los fieles difuntos, a quienes recordamos en esta fecha y también durante este mes de Noviembre, son aquellas personas que nos han precedido en el paso a la eternidad, y que aún no han llegado a la presencia de Dios en el Cielo.
Son almas que han sido fieles a Dios, pero que se encuentran en estado de «purificación» en el Purgatorio, en el cual están como «inactivos»; es decir, ya no pueden «merecer» por ellos mismos. Por esta razón, es costumbre en la Iglesia Católica orar por nuestros difuntos y ofrecer Misas por ellos, como forma de aliviarles el sufrimiento de su necesaria purificación antes de pasar al Cielo. (Ver CIC #1031-32 y 2Mac.12,46)
El recuerdo de nuestros seres queridos ya fallecidos nos invita también a reflexionar sobre lo que sucede después de la muerte; es decir, Juicio: Cielo, Purgatorio o Infierno.
Primero hay que recordar que la muerte es el más importante momento de la vida del hombre: es precisamente el paso de esta vida temporal y finita a la vida eterna y definitiva. También hay que pensar que la muerte no es un momento desagradable, sino un paso a una vida distinta. Bien dice el Prefacio de Difuntos: «la vida no termina, se transforma y al deshacerse nuestra morada terrenal adquirimos una mansión eterna». Por lo tanto, la muerte es un paso al que no hay que temer.
Sabemos que fuimos creados para la eternidad, que nuestra vida sobre la tierra es pasajera y que Dios nos creó para que, conociéndolo, amándolo y sirviéndolo en esta vida, gozáramos de El, de su presencia y de su Amor Infinito en el Cielo, para toda la eternidad … para siempre, siempre, siempre …
De las opciones que tenemos para después de la muerte, el Purgatorio es la única que no es eterna. Las almas que llegan al Purgatorio están ya salvadas, permanecen allí el tiempo necesario para ser purificadas totalmente. La única opción posterior que tienen es la felicidad eterna en el Cielo.
Sin embargo, la purificación en el Purgatorio es «dolorosa». La Biblia nos habla también de «fuego» al referirse a esta etapa de purificación. «La obra de cada uno vendrá a descubrirse. El día del Juicio la dará a conocer … El fuego probará la obra de cada cual … se salvará, pero como quien pasa por fuego» (1a. Cor. 3, 13-15).
Y nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica: «Los que mueren en la gracia y amistad con Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de la muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del Cielo». (#1030)
La purificación es necesaria para prepararnos a la «Visión Beatífica», para poder ver a Dios «cara a cara». Sin embargo, el paso por la purificación del Purgatorio ha sido obviado por algunos. Todos los santos -los canonizados y los anónimos- son ejemplos de esta posibilidad.
¡Es posible llegar al Cielo directamente! Y, además, es deseable obviar el Purgatorio, ya que no es un estado agradable, sino más bien de sufrimiento y dolor, que puede ser corto, pero que puede ser también muy largo. Por eso es aconsejable aprovechar las posibilidades de purificación que se nos presentan a lo largo de nuestra vida terrena, pues el sufrimiento tiene valor redentor y efecto de purificación. Al respecto nos dice San Pedro, el primer Papa:
«Dios nos concedió una herencia que nos está reservada en los Cielos … Por esto debéis estar alegres, aunque por un tiempo quizá sea necesario sufrir varias pruebas. Vuestra fe saldrá de ahí probada, como el oro que pasa por el fuego … hasta el día de la Revelación de Cristo Jesús, en que alcanzaréis la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas» (1a.Pe. 1, 3-9).
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SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

SOLEMINAD DE TODOS LOS SANTOSLa Iglesia celebra hoy una fiesta muy linda, la solemnidad de todos los Santos. Decimos fiesta linda porque nos presenta, nos recuerda un horizonte de plenitud para la condición humana y destinado a todos; tenemos que hablar de un llamado universal a la santidad, Dios en su sabiduría, su providencia, nos invita a todos a vivir en unión con Él, en esto consiste fundamentalmente la santidad, estar unidos a Dios, vivir en su amor; y nos dispensa los medios necesarios para eso, principalmente, la gracia del sacramento del bautismo, que infunde en nosotros la vida divina que nos hace hijos de Dios y nos renueva interiormente en nuestro corazón.
 
 
Decimos, también, que esta fiesta nos recuerda, nos propone un horizonte de plenitud porque lo que realiza propiamente nuestra humanidad no es el tener, tan volátil, muchas veces la gente dice “las cosas van y vienen”, y tienen razón, lo que realiza realmente a la humanidad es el ser, la bondad de sentimientos, la constancia en las disposiciones, las actitudes dignas.
 
 
Para esta fiesta la Iglesia nos propone el Evangelio de las bienaventuranzas, que las encontramos al inicio del llamado sermón del monte, del sermón de la montaña de Jesús, en el capítulo cinco del Evangelio de San Mateo. Es un poco desconcertante, una propuesta un tanto paradójica; si nosotros leemos con atención, despacito, este texto podremos ir como descubriendo la trama secreta, la clave, que no es otra sino el amor, porque el amor aprovecha todas las circunstancias, aún las más difíciles, las más adversas, para impregnarlas con su armonía, con su suavidad, con su belleza; el amor llena el corazón de quien lo vive, el amor se expande y hace felices a los demás. Como decíamos la santidad, a la cual Dios nos llama, es precisamente eso, plenitud de amor, de amor a Dios, recibiendo sus dones, aprovechándolos; amor a los hermanos, reconociendo su dignidad y su valor; amor a uno mismo, redescubriendo la imagen divina que Dios ha puesto en nosotros, su imagen y honrándola con una conducta digna.
Este año, en nuestra arquidiócesis de Córdoba, hemos tratado de reflexionar sobre la maravilla de la filiación divina, sobre la maravilla de la paternidad de Dios que daba origen a esa filiación y por eso decimos “en Jesús somos hijos”. Entonces, también esta fiesta es una invitación a disfrutar y agradecer este don, y hacerlo resplandecer, por eso podemos suplicar humildemente al Señor que nos conceda la gracia de poder concretar ese hacer resplandecer, con sencillez, pero también con verdad, nuestra condición de hijos del Padre de los cielos.
 
Ese puede ser nuestro propósito, junto a nuestra súplica humilde y confiada. Que Dios los bendiga en su bondad y en su misericordia, y nos haga a todos santos como Él quiere. Un saludo cordial y mi bendición Monseñor Carlos Ñanez-

 

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“ÁNGELES SOMOS” La fiesta que se celebra tradicionalmente en la fecha de la Solemnidad de Todos los Santos.Hace que los chicos conozcan alegrías que vivieron sus abuelos.

“Ángeles somos, del cielo venimos…”, primeras palabras de un conocido cántico para conmemorar  la tradicional fiesta de los angelitos, también llamada “Ángeles Somos, Ángeles Tomos”. Es una fiesta tradicional que se conmemora el 1 de noviembre, fecha de la Solemnidad de Todos los Santos. Esta costumbre, que aún perdura en algunos pequeños pueblos del interior, consistía en que los niños se disfrazaran de angelitos, y recorrieran las casas intercambiando bendiciones por algún dulce. “Ángeles somos, del cielo venimos, trayendo regalos. Colación, colación, su bendición”;Ángeles somos, ángeles somos, venimos a pedir colación y rogamos tu bendición”, “Ángeles somos, del cielo bajamos, pan queremos, ¿hay por quién rezar en la casa?”, distintos versos que los niños entonaban al tocar a las puertas de las casas. Los versos que se recitaban al visitar cada uno de los hogares varían de acuerdo con las costumbres del lugar, y muchas veces a las deformaciones propias de la transmisión a través de la tradición oral. Pero tenían en común dos elementos: las bendiciones y las golosinas o “colaciones”.

Dice también la tradición que algunas veces los bulliciosos chicos ofrecían serenatas de cánticos de distinto tipo, y que las primeras casas en ser visitadas eran aquellas en las que había fallecido un bebé o algún niño pequeño. La idea era que la presencia de angelitos podrían recordar a la familia que el infante que había fallecido hoy formaba parte de las huestes de ángeles del cielo, ayudándolos así a mitigar su dolor.

La tradicional fiesta para los niños, quienes recogen golosinas y las intercambian por bendiciones tiene muchísimos años. Si bien en localidades pequeñas todavía se conserva, en las ciudades más grandes apenas los abuelos recuerdan la emoción que les producía la llegada del 1 de noviembre.

TESTIMONIOS:“Me acuerdo que eran semanas preparando los disfraces, viendo que estuvieran limpios. Nos los probábamos a escondidas, porque mamás y abuelas nos prohibían tocarlos una vez que las túnicas estaban limpias y almidonadas”, relata Ramona González, una abuela de 80 años que se crió en la zona rural de Curuzú Cuatiá. “Había grupitos de chicos que se iban cruzando, tratábamos de no coincidir en las puertas que tocábamos para que la porción de golosinas no se redujera, porque a veces no había una cosa para cada uno si no que teníamos que compartir”, cuenta con un brillo especial en los ojos. “El lugar ambicionado era el de director del grupo. Eran los chicos más grandes, que tenían la responsabilidad de cuidar a los más chicos, decidían qué puertas se golpeaban y eran también árbitros a la hora de definir cómo repartir las golosinas”, cuenta Ramona.

Al final de la jornada, los chicos se reunían en algún patio y hacían recuento de lo que habían juntado. Si había alguien que tenía más cosas y otros que tenían menos, los más grandes solían pedir al que más tenía que “donara” parte de sus cosas al que había sido menos favorecido. “Otras veces directamente juntábamos todos los dulces, y los repartíamos en partes iguales. Cuando no nos gustaba algo de lo que nos tocaba, lo cambiábamos por otras cosas”, cuenta la anciana. “A mi me encantaban los pastelitos de membrillo, y cambiaba bollos y caramelos, a veces en cantidades poco ventajosas, para tener mi golosina preferida”, recuerda. OTRO TESTIMONIO:Amelia, hermana de Ramona, recuerda que se comían todo lo que“Es que nos sacaban las cosas para racionarlas, pero igual terminábamos empachados”. podían antes de que los padres los vieran. Amelia anhela esos tiempos de sana diversión, en los que “la fiesta iba de la mano de lo espiritual, y relacionado con los ángeles y santos, no como ahora que nos invaden brujas y calaveras, y el miedo es más importante que la alegría”. El trabajo para recuperar la tradición existe, sólo falta que la población se sume y aporte su granito de arena.

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ROSARIO MISIONERO

ROSARIO MISIONERO

MARIA EN LOS CONTINENTES

El Rosario Misionero tiene 5 colores y cada uno de ellos representa un continente diferente:

VERDE: AFRICA El verde nos recuerda las verdes selvas del continente.
ROJO: AMERICA El rojo simboliza la sangre derramada por los mártires que dieron su vida en el anuncio del Evangelio en nuestro continente.
BLANCO: EUROPA El blanco nos recuerda la raza aria y las vestiduras del Papa, que tiene su sede en este continente.
AZUL: OCEANIA El azul nos recuerda sus numerosas islas rodeadas de las azules aguas del Océano Pacífico

AMARILLO: ASIA El amarillo nos recuerda la raza amarilla de sus pobladores.

Lo rezamos como el Rosario tradicional; en cada misterio rezamos un Padre Nuestro, diez Ave Marías y un Gloria. La particularidad de este Rosario son los colores de cada decena, cuyo objetivo es ayudarnos a rezar por la misión y por los misioneros presentes en cada uno de los continentes.
  • 1º Misterio: Pidamos por África, para que pueda superar el sufrimiento provocado por el hambre, las continuas guerras y las desigualdades raciales.
  • 2º Misterio: Pedimos por la Iglesia en América, para obedientes al Maestro pueda escuchar el consejo de María, que nos dice: “Hagan lo que El les diga”.
  • 3º Misterio: Pidamos para que la Iglesia en Europa, recupere su vitalidad cristiana y misionera.
  • 4º Misterio: Pidamos por todos los hombres y mujeres de Oceanía, para que escuchando la Palabra de Dios, se dejen transformar por ella.
  • 5º Misterio: Pidamos por los pueblos de Asia, para que permanezcan abiertos al anuncio del Evangelio proclamado por los misioneros.
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